Ya dentro de la administración de Porfirio Díaz se dio la transferencia de tierras de la iglesia a los propietarios. El periodo del Porfiriato fue la continuación de la República restaurada, pero en esta ocasión la inversión extranjera fue una de las principales preocupaciones de Díaz. Díaz buscó la estructuración de un mercado único interno a través de la eliminación de aranceles con el fin de que hubiera la posibilidad de activarlo y mejorarlo; aunque las alcabalas, por ejemplo, no se eliminaron sino hasta 1896. Por otra parte, las exportaciones fueron un elemento importante de su política, por lo que se fomentó su expansión.
El desarrollo de la actividad monetaria y de crédito propiciaron la intervención del estado para regular las relaciones que se daban. El gobierno comenzó entonces a regular una economía en crecimiento que era muy prometedora (aunque es cierto que no hubo desarrollo económico y en general las políticas no iban destinadas a ello).
A raíz de que Díaz dejó el gobierno en 1880 a Manuel González (como recordarán era compadre de Díaz), la economía nacional se vio afectada por los excesos de los miembros de su gabinete, como consecuencia el país quedó estancado en una situación de déficit. Por otro lado, volviendo al gobierno de Díaz, se había logrado por medio de la inversión extranjera la aparición de ferrocarriles y el consecuente desarrollo de ciertas ciudades que ayudaban a la economía. La fábrica textil era la empresa más desarrollada, y entre los inversionistas extranjeros, los europeos eran los más importantes, aunque como fuera avanzando la administración de Díaz y como consecuencia de condiciones desfavorables e incluso pérdidas de los inversionistas europeos que venían a especular, propiciaron que la inversión norteamericana fuera la más importante (las inversiones se enfocaban principalmente en los ferrocarriles).
En la cuestión agraria, en México se tenía como es bien conocido a la hacienda como base, en este periodo se trató de ir hacia una producción que serviría para la exportación de productos como el henequén (un tipo de agave usado para hacer cuerdas), el cual tenía un precio comercial mucho más favorable que otros productos, aunque los otros productos como el maíz, que se había descuidado (dejándole las peores tierras para su cultivo, ocupando poco capital para su cultivo y en general falta de atención) produjeron un desequilibrio en tanto que no se producía lo que se consumía, aunque ésto ciertamente se vio aminorado por las ganancias que se obtenían de la exportación. También, desafortunadamente, se crearon compañías que quitaban las propiedades a aquella personas que las tenían pero no bien reglamentadas, y de las propiedades que deslindaban, se podían quedar hasta con una tercera parte de las ganancias que produjera.
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