Barreda creía que el desorden social venía de un desorden de pensamiento, por lo cual la instrucción era necesaria, la educación primaria debía ser obligatoria para todo mexicano. El 5 de enero de 1878 surgió un periódico de nombre La Libertad, el cual, en sus inicios, al declararse liberal-conservador causó una gran polémica que explicó expresando sus ideales positivistas. Entre el grupo de redactores estaban Garay, Cosmes, García y Justo Sierra, éste último sin duda el más destacado. Con el tiempo al grupo integrarían un equipo político conocido como “los científicos”. Este grupo, en las elecciones de 1876, desconocerían a Lerdo de Tejada y propondría a Iglesias, ya que consideraban que las elecciones no se habían respetado y que lerdo de Tejada había sido impuesto. Dentro del periódico se planteó que era necesario reformar la Constitución y abogaban por la conveniencia de una Presidencia con más facultades que lograra el orden requerido, en otras palabras, la dictadura. Esta dictadura no debía ser personal como posteriormente sucedió, sino de una clase social. La dictadura era defendida con el argumento de que era una forma natural, que atendía a las leyes naturales y se fundaba en principios científicos. Otro autor, el maestro Emilio Rabasa, habla en su libro La Constitución y la Dictadura, de la necesidad de una dictadura para establecer un orden y prosperar.
Justo Sierra, en un escrito, describe a la sociedad como un organismo que debe evolucionar, no revolucionar (aquí llama la atención el juego semántico puesto que pareciera que cada quien lo interpreta de distintas formas), entonces la dictadura ayudaría a ese fin. Para los positivistas el orden era tan importante como para los liberales la libertad. Sin ese orden, las sociedad no podría enfrenarse al que llamó “el amargo exterior”. Los positivistas, por medio de su periódico expresaban sus ideas, y en relación al problema de México, ellos distinguieron dos causas por las cuales esa era la situación del país: primero por la falta de comunicación, a lo largo del territorio nacional; y segundo por la falta de colonos y el subsiguiente estado de abandono de tierras (y la historia les daba la razón, sobre todo por la pérdida de más de la mitad de territorio que acababa de perder México). Para solucionar los problemas hablaban de las bondades de la dictadura que posteriormente ejercería don Porfirio, de la necesidad de atraer capital extranjero y de iniciar la industria nacional.
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